Este colador de bronce procede de la zona de la Campania, en el sur de Italia, y se fecha en el s. VI a. C. Presenta un cazo central con la base minuciosamente agujereada formando círculos concéntricos, y un mango decorado mediante líneas de puntos que forman dos motivos: una hoja de hiedra en el extremo y otro en forma de lágrima junto al cazo. En el extremo del mango se conserva el arranque de una anilla para la suspensión de la pieza. La hoja de hiedra no es un simple motivo decorativo: se creía que esta planta era una especie de antídoto para los efectos del alcohol.
Esta extraordinaria pieza apareció en la tumba de un individuo femenino adulto, en la necrópolis de Poble Nou, acompañada de dos piezas de cerámica griega ática, un aro de oro y un broche de bronce, que formaban parte de su ajuar, es decir, de los objetos que la difunta había poseído en vida y se habían enterrado con ella.
Este tipo de coladores se utilizaba por las civilizaciones etrusca y griega en los banquetes funerarios para filtrar el vino desde el ánfora a unos grandes copones llamados cráteras, donde se mezclaba con agua y otros ingredientes, para servirlo de ahí a los vasos o jarros en los banquetes.
La riqueza de los fondos arqueológicos de Vilamuseu motiva una frecuente salida de piezas a exposiciones en otras ciudades españolas e incluso de otros países, a petición de otros museos y entidades. El pasado 29 de abril ha sido la tercera vez que el colador sale de los fondos de Vilamuseu, esta vez para formar parte de la exposición “Banquetes. Los ritos del vino entre iberos, griegos y romanos”, que se inauguró ayer día 7 de mayo y que permanecerá hasta finales de septiembre de este mismo año.
Es una exposición temporal de producción propia del Museo Arqueológico de Murcia, en la que han colaborado otros museos españoles, entre ellos Vilamuseu, con esta excepcional pieza, imprescindible para el discurso expositivo de esta exposición.
