La familia Ruiz Soler depositó la pieza en 2017 en Vilamuseu, donde ha permanecido expuesta, y ahora los hermanos Pablo, Lluís, Carlos, Pedro y Mar Ruiz Soler hacen donación al museo en propiedad, para formar parte de su exposición permanente. La donación se ha firmado en un acto presidido por el alcalde de La Vila Joiosa, Marcos Zaragoza.
Esta pieza, de gran importancia para la arqueología de La Vila Joiosa y de la Comunidad Valenciana, ha pertenecido a la familia Ruiz Soler desde que ellos recuerdan; pero curiosamente, hasta hace muy poco se desconocía su procedencia. Hace apenas unos meses el investigador Agustí Galiana comunicó al museo la existencia de documentos antiguos que la mencionan. La primera noticia nos la da un manuscrito de Juan Linares a mediados del s. XIX, que habla de “una cabeza de piedra con turbante asiático, y existe hoy en la Barbera de D. Vicente Galiana”. El “turbante” se refiere a la corona de hiedra y a un tocado de cintas que suelen llevar estas piezas, que le dan ese aspecto y que son típicas del dios Baco. Teodoro Llorente es el primero que la publica, en 1889: un “busto de mármol blanco, de varón barbado, inferior al natural, empotrado en la pared en la heredad de D. Ignacio Galiana, partida de la Barbera, cercano al mar.”
Estas menciones corresponden sin duda a la Barbera de Pedro Ruiz, un antiguo mas que había junto al acantilado sobre la playa de la Vila, en cuya pared la pieza estuvo durante más de un siglo. Este caserón, hoy desaparecido, perteneció de hecho a la familia Ruiz Soler. Los hermanos Ruiz Soler recuerdan diversas anécdotas sobre la pieza, como que se encontraba efectivamente en la pared detrás de una puerta, que al abrirse la golpeaba y por ese motivo había perdido la nariz.
Las hermas originalmente representaban al dios Hermes, de donde proviene su nombre. En Roma representan con frecuencia a Baco, el dios de vino. La corona de hojas de hiedra está relacionada con eso: los romanos pensaban que esta planta era un antídoto contra la borrachera. Además, es una planta enredadera, como la propia vid, y por eso simbolizaba el lado indómito y salvaje de la naturaleza, al crecer trepando libremente sobre los árboles. También simboliza la vida eterna, al mantenerse verde incluso en invierno, y eso se relaciona con Baco ya que es “el dios que muere y renace” o “el dios nacido dos veces”. Además, estos pequeños pilares, las “hermas”, solían ahuyentar a los malos espíritus, y para reforzar esta protección solían incluir un pene a media altura del pedestal.
En el Imperio romano las hermas solían decorar jardines, patios o habitaciones principales de las residencias señoriales, o algunos espacios de edificios públicos, como las termas o los teatros. En este caso, seguramente estuvo en la gran villa imperial romana de Barberes Sud, a escasa distancia de la Barbera de Pedro Ruiz, quizá en el jardín rodeado de columnas y de ricas pinturas murales que se ha documentado en las recientes excavaciones de la villa. La pieza se puede fechar en la segunda mitad del s. I dC, cuando este tipo de hermas estaba de moda.
